Yvi
El amanecer raspa las nubes como una hoja lenta y pálida. El cielo sangra de rosa y cenizas. Estoy acostada entre ellos, sus respiraciones entrelazadas contra mi piel, sus latidos resonando aún en mis huesos.
El silencio es denso, sagrado.
Me muevo apenas. No por fatiga. No. Sino porque este momento, este último escalofrío de abandono, quiero mantenerlo intacto. Escucho respirar más fuerte a Aleksandr cuando me giro hacia él. Siento los dedos de Soren jugar en mi cabello, distraídamen