Yvi
La noche se prolonga en un torbellino de susurros y miradas fijas en mí. La sala se ha transformado en un baile macabro. Vampiros bailan, copas llenas de sangre circulan, y la música es de una lentitud sensual que hiela la sangre.
Aleksandr no me suelta. Su mano posesiva abraza mi cintura, su mirada quema sobre mi piel. Cada vez que un vampiro se acerca demasiado, gruñe con un tono tan gutural que siento que la sala entera se tensa.
— No te alejes nunca a más de un metro de mí esta noche, o