Soren
La miro, temblorosa, frágil. Pero esta vez, ya no es miedo. Es esa aceptación que la roza. Esa toma de conciencia brutal.
Me acerco lentamente, deslizo mis dedos por su nuca, sobre esa marca casi invisible que ahora lleva.
— Tu corazón es nuestro. Puedes intentar negarlo, Ivy. Pero este vínculo… es más antiguo, más fuerte que tu voluntad.
Ella gime, sacudida por escalofríos.
La veo caer. El último hilo de resistencia se rompe.
Ivy
Están allí. A mi alrededor. Inmensos, poderosos, inexorabl