Horas más tarde, para ser exacto en la madrugada La puerta del refugio se abrió con brusquedad. Demian entró, su traje de alta costura estaba rasgado y sucio de ceniza y la sangre seca de sus enemigos. Sus ojos, aún encendidos por la furia de la venganza, buscaban desesperadamente a su Luz. Había destrozado a sus rivales por ella, y ahora necesitaba su calidez para enterrar al Demonio.
En el salón, en lugar de encontrar una sala de guerra o a la Emperatriz entrenando, encontró una escena inau