Dos días después de la firma del contrato, la mansión respiraba una tensa calma. Valeria se vestía para salir, sintiendo la adrenalina. No se trataba solo de ir a su oficina; se trataba de ir a su vida.
Ella bajó a la sala principal, donde Demian la esperaba, con el uniforme de su obsesión: su ropa deportiva, su postura tensa, y sus ojos oscuros llenos de la esperanza de verla y el miedo a perderla. Su posesión era un fantasma que se negaba a morir.
Demian: (Con un tono que era un nudo entre or