Capítulo XV Una diosa enamorada.
-" ¿Si lo que estás pensando es que me baje la cartera, la dejen en el suelo, y pegue mis pechos a su espalda, mientras le agarraba el culo?, la respuesta es, sí. Mis pechos se pusieron duros casi al instante al sentir su espalda, y sus nalgas estaban duras, prietas, de esas que quieres agarrar cuando te están penetrando. Lógicamente, note que él se puso rígido e intento girarse al instante, así que aproveché, cuando se giró, rodee su cadera con mi brazo derecho y pose mi mano sobre su sexo. No