Capítulo XXIV La boda de la diosa.
Bajamos tarde a desayunar, y allí estaba Martín con cara de tonto, mirando a su diosa, y a mi sobrino sentado en las rodillas de su futuro papá, cuando me vio, Jonay se bajó de las rodillas del abogado y vino corriendo a abrazarme.
-” Tía, tía, mama se va casar y mi papá será Martín, el amigo que mamá tiro a la piscina, sabes ayer nos pasamos mucho rato jugando a la consola, y sabe jugar muy bien, mejor que tú”- me dijo riendo.
-” Imposible”- le dije -” yo soy la mejor, mi príncipe. Su majestad