Susan frunció el ceño, confundida por esa mirada. Stefan apartó la vista y se aclaró la garganta, tratando de ocultar sus emociones.
—Vamos, ya que estás bien —dijo, como si nada hubiera pasado.
—Está bien.
Susan se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la sala privada.
—No —la detuvo Stefan, sujetándola del brazo y tirando suavemente de ella—. Quería que volvieras a casa, no a la cena de negocios.
Susan lo miró, confundida.
Stefan explicó:
—Las mujeres no deberían participar en este tipo de o