Cuando el peligro estaba a solo unos centímetros de Susan, Stefan pateó a Sophia por la espalda. Sophia chocó contra la pared.
—Nunca le he pegado a una mujer, excepto a una loca como tú.
Stefan llegó a tiempo y salvó a Susan como un caballero. La abrazó con fuerza, intentando consolarla.
—Susan, estoy aquí. No tengas miedo.
La mirada de Stefan se volvió instantáneamente suave al hablarle. Era completamente distinta a la frialdad que había mostrado al atacar a Sophia.
El miedo de Susan comenzó