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Su rostro se volvió frío, claramente molesto.

—Presidente Novak… ¿puedo llamarlo así? —preguntó la mujer con una sonrisa suave.

Observaba su mandíbula perfectamente definida y su atractivo rostro. Era, sin duda, el hombre más guapo que había visto.

Pero Stefan no respondió.

Apoyó la cabeza sobre su mano, completamente ausente, perdido en sus propios pensamientos.

La mujer se sonrojó ligeramente al mirar sus labios.

—Presidente Novak… ¿no va a pedir algo? ¿Qué le gustaría comer?

—No tengo hambre
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