La tensión bajó durante la noche.
Ciento treinta y ocho sobre ochenta y tres a las siete de la mañana, cuando la enfermera tomó la medición con la expresión de quien ha aprendido a no transmitir sus propias evaluaciones antes de que las haga el médico.
La Dra. Sanz llegó a las ocho.
—Mejor —dijo. Lo dijo con la calma de los hechos, no con el alivio que yo habría querido escuchar—. No suficiente para alta. Suficiente para descartar inducción inmediata.
—¿Cuánto tiempo más?
—El fin de semana como