La carta llegó el domingo por la tarde.
No fue la enfermera quien la trajo. Fue Diana, que llegó a la hora de visita con los niños y con un sobre en la mano y con la expresión de quien lleva el sobre como si fuera un objeto de naturaleza indeterminada cuyo peso exacto todavía no ha podido medir.
—Llegó a casa —dijo—. Alguien la dejó en el buzón con tu nombre y la dirección del hospital.
Lo miré.
El sobre era blanco. Mi nombre en el exterior con una letra que reconocí antes de ver el remite, por