Volvimos a casa el sábado.
Los niños nos esperaban en la entrada del apartamento con la niñera, Luca con el libro de constelaciones bajo el brazo, Mía con una corona de flores de papel que había hecho esa mañana porque la anterior se había caído en el hospital de Siena y alguien tenía que mantener el nivel estético de la familia sin que nadie se lo pidiera.
Los abracé a los dos más tiempo de lo habitual.
Luca me lo permitió con la paciencia de quien entiende que hay momentos en que los adultos