Perdonar a Enzo fue lo más difícil y lo más sencillo que hice esa semana.
Difícil porque no ocurrió en un momento. No fue una decisión tomada en la habitación del hospital ni en el coche de vuelta ni en ningún punto concreto del mapa que pudiera señalar con el dedo y decir: aquí. Aquí fue cuando decidí perdonarlo.
Fue una acumulación.
El dibujo de Mía en la pared del hospital. El sobre de notaría con el nombre de mi madre y los números que devolvían lo que nos habían robado. La cara de Enzo cua