Enzo pidió verme a solas.
Lo comunicó a través de Valentino, que llegó al apartamento un martes por la mañana cuando Aurora tenía diez días con la expresión específica de quien trae algo que no sabe exactamente cómo va a aterrizar.
—Mi abuelo quiere hablar contigo. —Una pausa—. Solo contigo.
Lo miré.
—¿Cuándo?
—Esta tarde, si puedes. Dice que no quiere esperar.
Conocía ese tono de Valentino. Era el que usaba cuando Enzo había dicho algo que le preocupaba y que estaba procesando sin compartir to