No me moví.
Valentino tampoco.
Nos miramos sobre el teléfono que sostenía en la mano mientras la voz de Margaret McKenzie llenaba el silencio del salón.
Él pulsó el altavoz.
No me preguntó si quería escuchar. Solo lo hizo. Y yo entendí que era deliberado.
"Esa mujer que tienes en tu casa, Valentino. Esa tal Sophia Marchetti. Sé quién es. Lo supe desde el principio."
—¿Quién es? —dijo Valentino. Voz plana. Sin inflexión.
"Es Eva Stroll. La esposa de mi hijo. O lo fue, antes de que la expulsáramo