El lunes la tensión no bajó suficiente.
La Dra. Sanz llegó a las siete de la mañana con la expresión de quien ha revisado los datos de la noche y ha tomado una decisión antes de entrar a la habitación.
—Vamos a inducir hoy —dijo.
No fue una sorpresa.
Era la lógica del proceso y la lógica del proceso llevaba dos días apuntando en esta dirección.
—¿Cuándo empezamos?
—Ahora mismo si está de acuerdo.
Lo miré. No como pregunta sino como confirmación de que la única respuesta posible era sí, que era