El restaurante se llamaba Meridiano.
Cuarenta mesas. Cocina de autor. El tipo de lugar donde el silencio es parte del menú y el precio de la botella de agua equivale al salario diario de quien la sirve. La clase de espacio que Harold McKenzie elegiría: caro, privado, con mesas suficientemente separadas para que las conversaciones no llegaran a oídos ajenos.
Harold McKenzie llegó antes que nosotros.
Eso ya me dijo algo.
Los hombres que controlan cada escenario llegan primero. Eligen el asiento d