El coche salió del restaurante a las diez y veintidós.
Valentino condujo. Yo no dije nada durante los primeros tres minutos. No podía. Necesitaba que el cerebro terminara de organizar lo que los nervios todavía no habían procesado del todo.
Diana tenía los archivos.
Y Diana había sido descubierta.
Las dos cosas al mismo tiempo. La victoria y el desastre en el mismo mensaje de cuatro palabras.
—¿Marcos está en línea? —pregunté.
—Desde hace veinte minutos. —Valentino tenía el teléfono en la mano—