El silencio de Harold duró treinta y seis horas.
Treinta y seis horas en que el mundo hablaba de él. Sus cuentas congeladas. Su nombre en todos los medios. Sus aliados desapareciendo uno tras otro del mapa público con la discreción urgente de las personas que calculan que el barco se hunde y prefieren nadar a la orilla antes de que la corriente los arrastre.
Treinta y seis horas de silencio que yo pasé monitoreando desde el despacho y durmiendo en tramos de cuatro horas y desayunando con los ni