No le dije nada a Valentino.
Tres días. Cuatro. Una semana entera.
Seguí desayunando con los niños como si nada. Seguí firmando contratos y atendiendo reuniones y siendo Sophia Marchetti, empresaria multimillonaria, madre de dos gemelos, mujer sin fisuras visibles. El traje de Sophia era el que me había cosido yo misma, capa por capa, año por año, y lo usaba todavía con la fluidez de quien lo lleva tanto tiempo que ya no nota el peso.
Pero por dentro era puro cristal roto.
— · —
Lo que sabía so