El aire acondicionado de mi estudio en el penthouse de Miami era un contraste helado con el calor sofocante de Little Hope Cay. Intentaba sumergirme en las intrincadas planificaciones de la boda Andrews: los listados de invitados, las pruebas de menú, la elección de las flores... pero cada vez que mi mirada se posaba en el nombre de Matthew Andrews en la pantalla, un escalofrío me recorría la espalda. Mi mente regresaba a la choza, a la tormenta, a Jesse.
Mila, mi asistente y amiga, me observab