POV VALENTINA
El sol de la mañana golpeaba la arena con una claridad obscena, como si intentara exponer cada uno de los secretos que la tormenta nos había permitido ocultar. Caminar por el sendero de regreso al resort junto a Jesse se sentía como caminar por un campo de minas. Cada roce accidental de nuestros brazos, cada vez que nuestras miradas se cruzaban, el recuerdo de la choza —de su boca sobre la mía, de su ternura inesperada— amenazaba con hacerme flaquear.
Pero entonces vi las torres