CHRISTINA POV
El dolor era mi único recordatorio de que seguía viva. No era un dolor sordo; era un incendio constante que latía bajo los vendajes, un recordatorio punzante de que el mundo me había traicionado. Cada vez que el aire rozaba la piel nueva de mi rostro —esa masa deforme que los médicos llamaban "curación"— sentía un odio tan puro que me daba la fuerza de diez hombres.
Caminé por el muelle del almacén, escuchando el crujir de la madera vieja bajo mis botas. Sophie estaba allí, atada,