El escape fue, en todo el sentido de la palabra, un auténtico milagro de sincronización y suerte. Cerca del mediodía, el sonido metálico de la cerradura hizo que Cassandra diera un respingo desde el borde de la cama. La puerta se abrió apenas una rendija, revelando el rostro pálido y nervioso de Melania. La niñera se coló en la habitación, cerrando tras de sí sin hacer ruido.
—Señorita, es ahora o nunca —susurró Melania, temblando ligeramente—. Los hombres del señor Sandro están en el cambio de