Su corazón dio un vuelco. El teléfono. Lo había olvidado por completo. En medio del caos, sus hermanos habían confiscado las llaves de los autos, habían puesto guardias en las puertas y la habían encerrado, creyendo que lo tenían todo fríamente calculado y controlado bajo su estricto dominio. Pero habían pasado por alto lo más obvio: no la habían cacheado. Todavía tenía su teléfono móvil consigo. Una herramienta diminuta, pero infinitamente poderosa en medio de su cautiverio.
Sin pensarlo dos v