Ella acababa de prometer revelarle la verdad más oscura de todas: el origen del odio enfermizo de sus hermanos, la razón real por la que lo querían muerto. Sebastian la miraba fijamente, con el cuerpo tenso y la respiración contenida, esperando la confesión que cambiaría el rumbo de sus vidas.
Cassandra abrió la boca, tomando una profunda bocanada de aire para soltar las palabras que le quemaban la lengua. Pero antes de que pudiera pronunciar una sola sílaba, el sonido estridente y repetitivo