Melanie apartó la vista del cuaderno y volvió a mirar al niño con una sonrisa tierna, dándose cuenta de lo concentrado que estaba en su labor. Le dio curiosidad ver el papel y se inclinó un poco.
—Vaya, qué dibujo tan precioso estás haciendo, pequeño —halagó la niñera con suavidad.
Luca levantó la vista, con los ojos brillando de ilusión y una sonrisa enorme dibujada en el rostro.
—¡Melania, estoy dibujando a papá! —anunció con total inocencia—. Ahora por fin vamos a ser tres: mamá, papá y yo