Aprovechando un momento de relativa calma, Cassandra se excusó y se encerró en el baño de la habitación del hospital. Tenía una tarea pendiente que no podía postergar: asegurarse de que su hijo estuviera bien y tranquilizar a la niñera. Buscó el número en su pantalla y presionó llamar. El tono sonó un par de veces antes de que la voz al otro lado respondiera.
—¿Hola, señora? ¿Necesita algo? ¿Ya viene en camino? —preguntó Melania con un tono de sincera intriga.
—No, Melania, te llamo precisam