De pronto, un ruido la detuvo en seco. Había escuchado pasos firmes en el pasillo, acercándose directamente hacia el despacho que se suponía debía estar vacío. Se quedó inmóvil, conteniendo la respiración, y se sentó con disimulo en una de las sillas auxiliares mientras esperaba que la puerta se abriera. Pero los segundos transcurrieron en total silencio; los pasos parecieron esfumarse en el aire, disolviéndose por completo.
La incertidumbre la dejó helada. Con el corazón latiéndole en la garg