—¿Y por qué no puedes ir a verlo? No lo entiendo —insistió Samantha, negándose a dar un paso atrás—. Bueno, supongo que es porque estás abrumada de trabajo, pero...
—No es por el trabajo —la interrumpió Cassandra, bajando la voz hasta convertirla en un susurro tenso, mirando hacia la puerta cerrada de su oficina—. Es porque mis hermanos me están vigilando las 24 horas del día. Conocen cada uno de mis pasos. Claro que quiero ir a verlo, Samantha, pero si saco mi auto del estacionamiento, sus hom