Cuando Cassandra despertó por la mañana, su cuerpo se sentía demasiado agotado. Sus músculos pesaban, dándole la extraña y agobiante sensación de que las horas en la cama no habían servido de nada y que no había descansado en lo absoluto. Estaba aterrada, consumida por una parálisis interna que le gritaba que era incapaz de ir a la compañía y enfrentarse al trabajo. Sin embargo, tenía un deber que cumplir.
Con un esfuerzo enorme, se obligó a salir de la cama, apartando las pesadas sábanas para