Aquella mañana distaba de ser como las otras, y es que el cielo se había pintado de un color gris anunciando que realmente llovería sobre la ciudad.
Cassandra estaba terminando de abrocharse el abrigo en el vestíbulo de la mansión, preparándose mentalmente para otra jornada agotadora, cuando sintió unos pequeños pasos acercándose apresuradamente. Luca venía corriendo desde la cocina, sosteniendo una hoja de papel arrugada en una de sus manos.
—¡Mami, mira lo que hice! —exclamó el pequeño, deten