Después de dejar la Ciudad Santa Lucía, encontré trabajo como recepcionista en una pequeña posada de la Ciudad San Florencio.
La gente aquí es sencilla, el dueño es amable y me da techo y comida. Con eso me basta para mantenerme y hasta ahorrar un poco. Me siento agradecida.
Gracias a este trabajo conocí a muchas personas de distintos lugares.
Con cada huésped podía intercambiar unas palabras. A los huéspedes más callados les ofrecía con cuidado algunos artículos de uso diario y les daba consejo