Esa respuesta se convirtió claramente en la última gota que colmó la paciencia de Paola.
Su mirada llena de odio y resentimiento atravesó a los que bloqueaban mi camino; me clavó los ojos un instante antes de salir corriendo entre lágrimas.
Roberto permaneció allí, firme:
—Basta, Eliana, te elijo a ti, te amo, ¡regresa conmigo!
Sus palabras me hicieron sonreír por lo absurdo de la situación:
—A quién elijas ya no me importa, Roberto. Te lo repito por última vez: ¡no tengo nada que ver con ustede