Miguel frunció el ceño, mirando de reojo a su padre. Sabía que no podía seguir pujando a ese nivel sin consecuencias.
—No podemos ir más allá de eso —susurró el señor Sinisterra con dureza.
Pero Allison, al notar que estaban perdiendo la subasta, puso su mejor expresión de tristeza y tiró suavemente de la manga de Miguel.
—Por favor… —susurró con voz lastimera—. Es mi regalo de cumpleaños. Son perfectos para mí.
Miguel dudó por un instante, pero antes de que pudiera decir algo, su padre lo inte