—¡Ayuda! ¡Alguien, por favor! —gritó Allison, con la voz rasgada por una falsa desesperación perfectamente ensayada.
Corrió escaleras abajo y se arrodilló junto al cuerpo de la señora Sinisterra, fingiendo que intentaba tomarle el pulso, sus manos temblando con una mezcla exacta de histeria contenida y angustia. Luego gritó aún más fuerte—: ¡Papá! ¡Miguel! ¡¡Vengan rápido!!
Un estruendo de pasos resonó desde el fondo del pasillo. Miguel fue el primero en aparecer, seguido de cerca por Alberto.