El sol aún no había salido cuando Alanna se despertó. No había dormido bien. A pesar de haber despedido a Leonardo con calma la noche anterior, su corazón estaba inquieto. Se sentía atrapada entre dos fuegos: el amor profundo y sincero que empezaba a reconstruirse con él… y la verdad dolorosa que seguía creciendo como una sombra entre ellos.
Se levantó despacio, bajó a la cocina y preparó café. El silencio de la casa era casi sagrado a esa hora. Ni siquiera el reloj del comedor se atrevía a mar