El silencio era denso, pesado, y lleno de tensiones no resueltas. Alanna permaneció de pie, mirando a Leonardo con una mezcla de enojo, dolor y, al mismo tiempo, una extraña compasión que no podía evitar. Lo había visto caer en una espiral de autodestrucción, pero al final, la fragilidad de su estado le tocó el alma.
Él la miraba, sin poder contener la tristeza que emanaba de cada palabra que había dicho. Y algo en su mirada, esa vulnerabilidad cruda, hizo que el enojo de Alanna se desvaneciera