El primer rayo de sol del sábado se coló por las ventanas de la casa Salvatore, iluminando suavemente cada rincón con esa calma engañosa que solo los fines de semana sabían traer. La brisa movía apenas las cortinas y un silencio apacible reinaba… al menos en apariencia.
Leonardo se levantó temprano, decidido a comenzar el día de otra manera. Como en los viejos tiempos, preparó café recién molido, tostadas con mantequilla, jugo de naranja natural y unos huevos revueltos que siempre le salían mej