Leonardo permaneció de pie frente a la ventana de su oficina, observando la ciudad con la mandíbula apretada y los músculos tensos. A pesar del aire de control que proyectaba, su mente estaba en constante ebullición.
Alexa había regresado. Y no solo había vuelto, sino que había logrado meterse en su empresa, en su entorno, como una sombra del pasado que se negaba a desaparecer.
Apretó los puños. No iba a permitir que ella se interpusiera en su vida, mucho menos en su matrimonio con Alanna.
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