Alanna se encontraba en la sala, acomodando algunas flores en un jarrón mientras Leonardo revisaba unos documentos en el sofá. La tarde avanzaba con lentitud, y una suave luz anaranjada se filtraba por las ventanas, dándole un aire cálido y acogedor a la casa.
—Leonardo… —dijo Alanna con cautela, acomodando un lirio entre los demás—. Estaba pensando en algo.
Él levantó la mirada de los papeles y la observó con atención.
—¿Qué cosa?
Alanna giró sobre sus talones y lo miró con una leve sonrisa.
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