22. Una sospecha...
Capítulo 22. Una sospecha en carne viva
El amanecer no entraba con la misma calidez que en la villa. El sol estaba oculto tras las cortinas gruesas y el aire era estéril, cargado de desinfectante y un silencio clínico que lo volvía más pesado. Mariana abrió los ojos despacio, sintiendo primero el ardor extendido por todo su cuerpo. Apenas mover los dedos le dolía. Sus labios estaban resecos y el brazo derecho cubierto de vendajes, igual que sus piernas y hombros. La sábana le raspaba la piel en