Mara seguía frente a la fotografía de Joaquín, con los dedos aún recordando el frío del vidrio, el corazón aún latiéndole con fuerza. No sabía cuánto tiempo había pasado. Un minuto. Diez. Una hora. El tiempo se había detenido frente a esos ojos verdes que la miraban desde el pasado. Se quedó ahí, hipnotizada, como si la imagen pudiera cobrar vida en cualquier momento y él iba a bajar de esa fotografía para tomarla de la mano y llevársela lejos de allí.
La música sonaba a lo lejos. Las risas de