El BMW de Joaquín se deslizaba por la carretera como una bala negra. El sol de la mañana se reflejaba en el capó brillante. Las ventanas estaban ligeramente bajadas y el viento le movía el cabello. Condujo con una mano en el volante, la otra apoyada en la ventana. Los dedos tamborileaban sobre la pintura metálica.
No pensaba en los autos que iba a revisar. Pensaba en ella. En Mara. En la noche anterior. En el beso que ella le había dado. En el nombre que había dicho. En el dolor que todavía sen