La noche había caído por completo sobre la ciudad, y el penthouse estaba iluminado solo por la luz tenue de las lámparas y el resplandor de la televisión. Joaquín y Mara estaban recostados en el sofá, con las piernas enredadas y una manta ligera cubriéndolos. La ciudad brillaba a través de los ventanales como un mar de luces, pero ninguno de los dos miraba hacia afuera. En la pantalla, una carrera de El Fantasma se reproducía en cámara lenta, mostrando cada movimiento del corredor enmascarado c