Capítulo 53. El peluche y la verdad que esperaba por más
Las puertas del auto se abrieron. Jenny me ayudó a asegurar a Bastián en su silla. El motor rugió, y el auto se deslizó con rapidez por la ruta que indicaba la salida.
Justo cuando giré la cabeza, por enésima vez en el día lo vi.
Ahí estaba Sebastián.
A lo lejos, en la entrada del centro comercial. De pie. Mirando hacia la nada… o hacia el lugar por donde nos estábamos yendo, detrás pude ver a sus abuelos salir apresurados, y en sus manos...
Una bolsa de algodón de azúcar celeste y el osito de