197.
Ángel los tomó con un poco de brusquedad. Tenía que fingir que era el guardia de seguridad que los estaba sacando de la presencia del poderosísimo Mordor. Los estaba llevando a sus celdas. Pero, en el momento en el que cruzaron por la puerta, no pudo evitar volverse y darle un fuerte abrazo a Sirius.
El muchacho se dejó abrazar, aunque tenía las manos esposadas. El mayor pudo comprobar que quería devolverle el abrazo, pero luego lo apartó.
—No esperemos. Tenemos que salir de aquí ahora mismo.
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