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La siguiente explosión fue más fuerte todavía. Se escuchó el silbido cortando el aire y luego el golpe, que arrancó el aliento de todas las personas dentro de la ciudad. Valentín y yo salimos corriendo, pero lo cierto es que no teníamos a dónde huir. Aun así, corrimos hacia el palacio. Las calles comenzaron a llenarse de personas que corrían despavoridas hacia sus casas.
Y entonces se escucharon dos silbidos que se acercaron con fuerza. Uno golpeó una parte del Domo, reabriendo un enorme agujer