Adrián volvió a tener ocho años y en el sueño no recordaba la mansión, la empresa ni los años que habían pasado desde aquella noche. Solo sabía que estaba sentado en el asiento trasero del coche de su padre, con una entrada arrugada entre los dedos y una emoción que apenas podía contener.
—Mamá se va a enojar —dijo, aunque sonreía.
Su padre lo miró por el espejo retrovisor.
—Solo si se entera.
—Siempre se entera.
—Entonces tendremos que regresar antes que ella.
Adrián acercó el rostro a la vent